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Madama Butterfly

09/11/2019

Sábado 9 de noviembre/ Centro Cultural Universitario Bicentenario/ 11:55 hrs./ $150.00 entrada general, estudiantes con credencial vigente $75.00/ Venta de boletos en TicketOne

ACTO I
Nagasaki, Japón, a principios del siglo XX. El teniente de la Marina de los EE.UU. Benjamín Franklin Pinkerton inspecciona una casa japonesa con Goro, el agente matrimonial del lugar que le ha buscado la casa en una colina que domina el puerto, para cuando se case con Madama Butterfly (Cio-Cio-San). Presentan a Pinkerton y Suzuki, que ha sido contratada como doncella de su esposa.

El cónsul americano, un hombre de mediana edad llamado Sharpless, es el primero en llegar, con la respiración entrecortada por la empinada cuesta. El despreocupado Pinkerton explica a Sharpless que ha firmado un contrato matrimonial de novecientos noventa y nueve años, que puede cancelar en cualquier momento. Presumiendo del espíritu aventurero de los americanos, invita a Sharpless a beber y los dos brindan "¡América por siempre!" A Sharpless le preocupa que la chica japonesa pueda tomarse sus votos más en serio. 

Interrumpe su conversación el bullicio del grupo de la novia que se aproxima, encabezado por Cio-Cio-San, cuya voz se alza sobre las demás. Ella saluda a Pinkerton y al cónsul, a cuyas preguntas corteses ofrece datos de su pasado: cuando su familia perdió todo su dinero, ella se hizo geisha, que según señala, es una profesión respetable. Su madre todavía vive, su padre murió (cuando menciona esto, sus amigos muestran pudor). Juguetonamente pide a Sharpless que adivine su edad; él se aventura a decir veinte, pero en realidad ella tiene quince años.
Goro convoca a los sirvientes y anuncia a los recién llegados, el funcionario imperial y un funcionario del registro. La madre de Cio-Cio-San elogia al novio con cortesía, pero varios parientes y amigos predicen un divorcio temprano. Sharpless espera que Pinkerton aprecie a la novia. 

Cuando Pinkerton pregunta a Butterfly qué es lo que ha metido en sus mangas, ella le muestra artículos de tocador, y después un cuchillo envainado del que no quiere hablar. Goro explica con tranquilidad que el padre de Cio-Cio-San se hizo el hara-kiri por órdenes del emperador.

Butterfly cuenta a Pinkerton que acudió al Consulado para convertirse a su religión. Goro da unas palmadas reclamando atención, y el funcionario lee el contrato matrimonial, que firman ambas partes.

Sharpless se va con el funcionario y Pinkerton, deseoso de librarse de los familiares, propone una ronda de bebidas para todos. Unos extraños gritos interrumpen la fiesta de pronto: un tío de Cio-Cio-San, un bonzo (monje budista), ha sabido de esta boda e irrumpe en la escena para convencer a los demás de que denuncien a Butterfly. Después, se van todos.

Pinkerton consuela a Cio-Cio-San, quien pide a Suzuki que la ayude a ponerse su camisón de la noche de bodas. Al caer la noche, Pinkerton habla amorosamente a su esposa, y se abrazan antes de entrar en la casa.

ACTO II
Han transcurrido tres años. En la misma casa, Butterfly espera pacientemente el regreso de su marido. Suzuki, viendo que están prácticamente sin dinero, duda que Pinkerton vaya a volver "cuando los petirrojos construyan sus nidos", como había prometido. Butterfly no está de acuerdo, y describe cómo llegará su barco al puerto de Nagasaki.

Goro y Sharpless visitan a Butterfly porque Pinkerton ha escrito a Sharpless pidiéndole que vaya a verla. Llena de alegría, Butterfly pregunta con qué frecuencia construyen sus nidos los petirrojos en América: quizá sea menos a menudo que en Japón, lo que explicaría por qué Pinkerton no ha regresado en tres años. Goro ríe, instando a Butterfly a que cuente los muchos pretendientes que han pedido su mano en matrimonio. Goro le presenta al Príncipe Yamadori, pero a ella no le interesa, y declara que ya está casada. Goro, Yamadori y Sharpless hablan en privado de que el barco de Pinkerton llegará dentro de poco, pero que él no quiere ver a Butterfly.

Cuando Goro y Yamadori se marchan, Sharpless lee a Butterfly la carta de Pinkerton y le pregunta qué haría si su marido no regresara nunca. Podría volver a ser una geisha, dice ella, o mejor, podría morir. Sharpless le aconseja casarse con Yamadori, y entonces Butterfly le presenta a su hijo Sorrow. Ella cree que Pinkerton volverá con toda seguridad si sabe de la existencia de su hijo.

Se oye a lo lejos una salva de cañón, anunciando la llegada al puerto de un barco. Butterfly lo ve y sabe que es el barco de Pinkerton. Pletórica de alegría, reúne flores y las desparrama por toda la casa con la ayuda de Suzuki. Ésta le trae su traje de novia, y ambas mujeres y el niño se sientan a esperar el regreso de Pinkerton.

ACTO III
Al anochecer, se oyen los ruidos del puerto y las voces en la distancia, y Butterfly por fin se retira a dormir, a condición de que Suzuki la despierte cuando llegue Pinkerton. Éste llega enseguida con Sharpless, y piden a Suzuki que no despierte a Butterfly. Suzuki ve a una mujer en el jardín, la "verdadera esposa americana" de Pinkerton. 

Sharpless ha hablado a Pinkerton del niño, y ambos quieren que Suzuki les ayude a convencer a Butterfly de que deje a Pinkerton y a su mujer llevarse el niño a América. Pinkerton pide a Sharpless que cuide de Butterfly, y luego se despide de la casa y se marcha. La mujer de Pinkerton, Kate, pide a Suzuki que tranquilice a Butterfly diciéndole que ella, Kate, puede atender muy bien a Sorrow.

MÁS SOBRE LA ÓPERA MADAMA BUTTERFLY

Ópera en dos actos con libreto de Luigi Illica y Giuseppe Giacosa, basado en el drama que David Belasco tomó de un relato del abogado filipino John Luther Long.

Estreno mundial: Milán, Teatro alla Scala, 1904.

Estreno en el Met: 11 de febrero de 1907.

Estreno en México: Teatro Principal, diciembre de 1906.


Desde el Met

La soprano Hui He se encarga del desgarrador rol de la geisha condenada, en tanto que el tenor Andrea Carè interpreta al teniente de la marina que la abandona. El barítono Paulo Szot ha incursionado con éxito en el teatro musical en Broadway (ganando un premio Tony en 2008) y en el Met debutó en 2010. Pier Giorgio Morandi dirige la orquesta en la magnífica producción de Anthony Minghella. Una ópera favorita del público.


UNA HISTORIA DE AMOR IMPOSIBLE

El papel principal de Madama Butterfly, una joven geisha que se aferra a la idea de que su matrimonio arreglado con un oficial de la marina estadounidense es para siempre y está basado en el amor, es uno de los roles definitorios de la ópera mundial. La historia provoca una reflexión acerca del imperialismo cultural y sexual para un público lejano al ámbito de la ópera y ha dado pie a innumerables adaptaciones cinematográficas, televisivas y literarias.


Los libretistas de Madama Butterfly fueron Giuseppe Giacosa y Luigi Illica, que ya habían colaborado con Puccini en La Bohème y Tosca. Giacosa, dramaturgo, estuvo a cargo de las historias, e Illica, poeta, trabajó sobre los diálogos.


La ópera sucede en la ciudad portuaria de Nagasaki a principios del siglo XX, cuando la presencia estadounidense estaba en plena expansión. Japón definía en ese tiempo su papel a nivel mundial y Nagasaki era uno de los pocos puertos abiertos a navíos extranjeros. Matrimonios temporales entre marineros de ultramar y mujeres japonesas no eran inusuales.


Puccini llegó a nuevos niveles de sofisticación con su uso de la orquesta, con matices y sonoridades sutiles a lo largo de la partitura. Pero la ópera se basa enteramente en la interpretación del papel principal: Cio-Cio-San, que está en el escenario casi de manera permanente y es el único personaje que sufre una verdadera y trágica evolución. La cantante debe transmitir un abanico de emociones: el deseo, la esperanza y el desengaño.


La otra Madama Butterfly

Presente en Londres por el estreno de Tosca (1901), Puccini asistió al Duke of York’s Theatre para ver la representación que el dramaturgo David Belasco había adaptado de un relato del abogado filipino John Luther Long: Madame Butterfly. Si bien es cierto que esa filigrana bautizada en la ópera como “Cio-Cio-San” es casi un invento de Belasco y Long, y preservada gracias a la armonía magistral música-teatro de Puccini, esa efigie venerable, es decir, la mujer que sufre y llora a mares por un teniente de la marina mercante de los Estados Unidos, sí existió y no murió a los 18 años, sino de 48, en marzo de 1899 y después de haber educado a su hijo, en la ciudad de Tokio.


Se llamaba Tsuru Yamamura y su vástago no era el niño de cabellos rubios y rizados, sino Tomisaburo Kuraba, corpulento y de cabello raso. Se le llamaba a ella Butterfly por los emblemas que solía llevar en sus ropas, alusivos a las mariposas, y que era el linaje de la familia de samuráis de la que ella era descendiente directo. No existió al lado de ella un Pinkerton desalmado y un tío irascible. La variante es que ella abandonó sus costumbres para convertirse al cristianismo.


Esto, pues, le fue narrado a Long por una pareja de misioneros de Estados Unidos. Long lo tomó como propio, después Belasco hizo una obra de teatro, le vendió los derechos a Puccini e hizo mucho dinero, pasando así a la historia. El mismo Belasco decía: “No es posible discutir de negocios con un italiano impulsivo, con lágrimas en los ojos y que te abraza emocionado cuando se refiere a la pequeña Butterfly”.

Cio-Cio-San fue el personaje femenino que más emocionó a Puccini por esa inocencia pura y delicada que él mismo trazó. Una revista japonesa publicó un artículo en el que los habitantes de Nagasaki preferían que su ciudad fuese recordada como la tierra natal de la heroína de Puccini y no como un objetivo de bombardeo atómico.


Para el estreno del 17 de febrero de 1904 en la Scala, la ópera fue mal recibida, especialmente en la escena de la parentela de Butterfly, más adelante fue abucheado el dúo, pues el público lo halló parecido al de La Bohème. Puccini retiró la obra de la cartelera y la modificó, comenzando con una reducción drástica en la escena de la familia de Butterfly. Francis Blummy Pinkerton se convirtió en Benjamin Franklin Pinkerton, habiendo olvidado Puccini modificar las consonantes que Butterfly pronuncia ya casada:“F. B. Pinkerton…”


Pequeños retoques en las intervenciones corales del primer acto, la eliminación total cuando Sharpless mostraba sorpresa al entrar a casa de la joven mujer y le pedían que se descalzara; el segundo acto, largo y fastidioso, se dividió en dos. Así, nació la otra Butterfly que el público recibió en el Teatro Grande de Brescia, el 28 de mayo del mismo año, y la convirtió en éxito.


I ACTO: 61min

INTERMEDIO: 28 min

II ACTO: 51 min

INTERMEDIO: 26 min

3:22 h III ACTO: 32 min

Compositor: Giacomo Puccini

Libretistas: Giuseppe Giacosa y Luigi Illica

Cantada en italiano


ELENCO

Cio-Cio-San: Hui He. Sopran (Xi’An, China)

Suzuki: Elizabeth DeShong. Mezzosoprano (Selinsgrove, Pensilvania)

Pinkerton: Andrea Carè. Tenor (Turín, Italia)

Sharpless: Paulo Szot. Barítono. (São Paulo, Brasil)

Director de orquesta: Pier Giorgio Morandi

Producción: Anthony Minghella.

Dirección de coreografía: Carolyn Choa

Diseño de escenario: Michael Levine

Diseño de vestuario: Han Feng

Diseño de iluminación: Peter Mumford

Titiritero: Blind Summit Theatre



 

 

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