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Sansón y Dalila

20/10/2018

Sábado 20 de octubre/ Centro Cultural Universitario Bicentenario/ 11:55 hrs./ $150.00 entrada general, estudiantes con credencial vigente $75.00/ Venta de boletos en TicketOne


ACTO I

Gaza, 1150 antes de nuestra era. – En el exterior del templo de Dagón, los israelitas esclavizados están orando. Jehová, enojado, ha apartado su rostro de ellos: sus ciudades han sido destruidas; sus poblaciones desplazadas. Acusan a Dios de haber roto el Santo Pacto jurado a sus antepasados. Sansón sale de entre la multitud y los exhorta a bendecir el nombre de Dios: se aproxima la hora de la liberación. Entra Abimelec, el sátrapa de Gaza con su guardia filistea para recoger el tributo que le deben los israelitas. Se burla de los cautivos por confiar en un dios sin poder alguno comparado con el gran Dagón. Una visión de huestes de ángeles inspira a Sansón, que despierta a los israelitas para que se rebelen. En el tumulto resultante, Abimelec es desarmado y asesinado.


El sumo sacerdote de Dagón entra y da órdenes para que la sublevación sea doblegada, pero un mensajero describe cómo, bajo el liderazgo de su nuevo héroe, los israelitas están devastando la cosecha. El sumo sacerdote maldice a la raza de Israel y a su líder, y sigue a los guerreros en un repliegue táctico a las montañas.


Al amanecer, los ancianos israelitas dan gracias por su liberación. Un anciano cuenta solemnemente cómo, habiendo castigado a su pueblo por violar sus leyes, Jehová ha venido a rescatarlos. Bendice a Sansón. Dalila y un grupo de doncellas filisteas entran con flores. Con la intención de revivir un amor pasado que se ha enfriado, Dalila pide a Sansón que la siga hasta su casa en el valle de Sorek.


ACTO II

Al anochecer, frente a su casa en el valle de Sorek, Dalila espera impaciente la llegada de Sansón, e invoca el poder del amor. Aparece el sumo sacerdote, que intenta persuadirla para que traicione a Sansón. Él le recuerda el éxito de Sansón como cabecilla de la sublevación israelita y su fuerza legendaria, una fuerza que solo lo abandonó mientras estuvo en los brazos de Dalila. El sumo sacerdote le promete recompensarla con riquezas si captura a Sansón. Con desprecio, Dalila desestima sus ofertas, y le dice que lo único que desea es vengarse de Sansón por haberla rechazado. Juntos se regocijan de que, para satisfacer el odio que los dos sienten por él, Sansón será víctima de su poder. El sumo sacerdote le recuerda a Dalila que el destino del pueblo filisteo está en sus manos, y promete regresar con refuerzos.


Al creer que Sansón no aparecerá, Dalila se retira al interior de su casa. Sansón, atormentado por el remordimiento y la indecisión, se presenta finalmente. Dalila le ruega que no se resista a su amor, pero él responde que, al haber sido elegido por Dios para dirigir a su pueblo, ha jurado a cambio romper los lazos de su afecto. Dalila insiste en que ella adora a un dios incluso más poderoso, el amor, y recuerda las dulces horas que pasaron juntos. La resistencia de Sansón se ha roto. Cuando Dalila entona su canción romántica, él reafirma con éxtasis el amor que sigue sintiendo por ella. Se avecina una tormenta, y Dalila, que ya no duda de la sumisión de Sansón, cambia su estrategia. Ella está celosa de la devoción que Sansón siente por Jehová y le ordena que, para demostrar su amor, él debe revelar el secreto de la fuerza que Dios le ha dado. Estalla la tormenta y, en ella, Sansón escucha la voz de advertencia de Dios. Reza, una vez más, por su fuerza. Dalila entra en su morada acusándolo despectivamente de cobarde. Tras un momento de agónica vacilación, Sansón se une a ella. Los soldados filisteos entran sigilosamente. Dalila los llama, y Sansón grita que ha sido traicionado.


ACTO III

Cegado, y con el pelo rapado, Sansón gira una rueda de molino en una mazmorra de Gaza. Al escuchar las voces de sus hermanos acusándolo de haberlos traicionado por el amor de una mujer, él canta su remordimiento y reza para que Dios perdone a su pueblo y lo castigue solo a él. Sansón bendice la mano divina que lo ha golpeado.


Al amanecer, los filisteos reviven su adoración orgiástica a Dagón. Un niño lleva a Sansón al templo. Dalila y el sumo sacerdote se burlan del héroe caído. Dalila le recuerda con rencor su noche de pasión. El sumo sacerdote desafía sarcásticamente al compasivo Jehová para restaurar la vista de su siervo y expresa desprecio por la debilidad de Israel. Sansón monta en cólera: ¿Cómo puede Dios permitir tal blasfemia? Dalila y el sumo sacerdote preparan el sacrificio, y este ordena a Sansón que se una a ellos. Sansón le pide al niño que lo guíe hasta el pilar de Dagón. Reza para tener fuerza para vengar a su Dios y a sí mismo y, con su poder restaurado, derriba el templo.


 

 

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