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Adriana Lecouvreur

12/01/2019

​Sábado 12 de enero/ Centro Cultural Universitario Bicentenario/ 11:55 hrs./ $150.00 entrada general, estudiantes con credencial vigente $75.00/ Venta de boletos en TicketOne


ACTO I

París, 1730. Entre bastidores de la Comédie-Française, Michonnet, el director de escena, se prepara para el espectáculo en el que participan Adriana Lecouvreur y su rival Mademoiselle Duclos. Llegan el príncipe de Bouillon y el abad de Chazeuil buscando a la Duclos, quien es amante del príncipe. Se encuentran con Adriana y la elogian, pero ella dice no hacer más que estar al servicio del espíritu creativo (“Io son l’umile ancella”).


El príncipe se entera que Mademoiselle Duclos está escribiéndole una carta a alguien y hace planes para interceptarla. A solas con Adriana, Michonnet le confiesa su amor pero ésta le responde que está enamorada de Maurizio, según ella un soldado al servicio del conde de Sajonia. Maurizio hace su entrada y le declara su amor a Adriana (“La dolcissima effigie”), y la pareja queda en verse después del espectáculo. Adriana le regala un ramo de violetas como prueba de su amor.


Durante la función, el príncipe intercepta la carta de la Duclos, en la que pide reunirse con Maurizio, quien es en realidad el conde de Sajonia. Ella le propone una cita más tarde en la mansión en la que el príncipe la ha alojado. Con la intención de evidenciar la aparente infidelidad de su amante, el príncipe organiza una fiesta en la mansión esa misma noche. Él ignora que Duclos escribió la carta en nombre de la princesa de Bouillon, quien vive un amorío con Maurizio.


Al recibir la carta, Maurizio decide verse con la princesa quien le ha ayudado con su carrera política. Le manda un recado a Adriana para cancelar su cita. Adriana está molesta pero cuando el príncipe la invita a la fiesta y le comenta que el conde de Sajonia estará presente, acepta ir con la esperanza de hacer avanzar la carrera política de su amante.


ACTO II

La princesa espera ansiosa que llegue Maurizio a la mansión (“Acerba voluttà”). Cuando éste aparece, ella nota el ramo de violetas y sospecha que se lo regaló otra mujer pero él afirma que es un obsequio para ella. Aunque está agradecido por su ayuda en la corte, muy a su pesar le admite que ya no la ama (“L’anima ho stanca”). La princesa se esconde de su marido y súbitamente arriba el abad y felicita a Maurizio por su nueva conquista, creyendo que se trata de Mademoiselle Duclos. Adriana llega y se asombra al enterarse de que Maurizio es en realidad el conde de Sajonia pero le perdona la mentira.


Cuando se apersona Michonnet buscando a la princesa Duclos, Adriana da por hecho que Maurizio se encuentra en la mansión para verse en secreto con ella. Él le asegura que la mujer que se encuentra escondida en el siguiente cuarto no es Duclos y jura que la cita con ella fue meramente por cuestiones políticas y que deben ayudarla a escaparse de la mansión. Adriana confía en él y acepta.


Con el consecuente barullo, Adriana y la princesa no se reconocen mutuamente, pero tras una corta discusión advierten que las dos están enamoradas de Maurizio. Adriana está decidida a descubrir la identidad de su rival, pero la princesa escapa, no sin antes dejar caer una pulsera que Michonnet recoge y entrega a Adriana.


ACTO III

Mientras siguen los preparativos para la fiesta esa noche en su palacio, la princesa se pregunta acerca de la identidad de su rival. Empiezan a llegar los invitados, y entre ellos se encuentran Michonnet y Adriana. La princesa reconoce la voz de Adriana como la de la mujer que la ayudó a escapar. Confirma sus sospechas cuando finge que Maurizio ha sido herido en un duelo: Adriana está al borde del desmayo. Sin embargo, se repone rápidamente cuando Maurizio aparece, ileso, y narra a los invitados sus hazañas militares (“Il russo Mencikoff”).


Durante un espectáculo de ballet, la princesa y Adriana se enfrentan. La princesa hace alusión a las violetas y Adriana saca la pulsera que el príncipe reconoce como una de las de su esposa. Para desviar la atención, la princesa propone que Adriana recite un monólogo. Ésta elige un fragmento de una escena de Fedra de Racine, en el que la heroína denuncia a los pecadores y a las mujeres infieles y dirige su interpretación directamente a la princesa. La princesa está decidida a vengarse.


ACTO IV

Adriana se retira del escenario, destrozada tras perder a Maurizio. Miembros de la compañía teatral la visitan en su cumpleaños, portando regalos, con la intención de hacerla regresar. A Adriana le conmueve especialmente el de Michonnet: ha logrado recuperar las alhajas que alguna vez empeñó para ayudar a Maurizio a salir de la cárcel. Recibe un paquete que dice “De parte de Maurizio.” Lo abre y descubre el ramo marchito de violetas que alguna vez le regaló y lo interpreta como una señal de que su amor ha muerto (“Poveri fiori”). Besa las flores y las tira al fuego.


Instantes más tarde, llega Maurizio, citado por Michonnet. Le pide perdón a Adriana y le propone matrimonio. Ella acepta con júbilo pero enseguida palidece. Michonnet y Maurizio se dan cuenta de que las violetas fueron enviadas por la princesa, quien les roció veneno. Adriana muere en los brazos de Maurizio (“Ecco la luce”).




 

 

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